UGP | Maíz como motor productivo para productores campesinos e indígenas
20444
wp-singular,post-template-default,single,single-post,postid-20444,single-format-standard,wp-embed-responsive,wp-theme-bridge,ajax_fade,page_not_loaded,,paspartu_enabled,overlapping_content,transparent_content,qode-theme-ver-17.2,qode-theme-bridge,disabled_footer_bottom,qode_header_in_grid,wpb-js-composer js-comp-ver-5.6,vc_responsive
 

Maíz como motor productivo para productores campesinos e indígenas

El maíz recupera protagonismo en las fincas nacionales y deja de ser solo un cultivo tradicional para consolidarse como un sostén económico. En un escenario marcado por la incertidumbre y los años difíciles, se posiciona como una alternativa estratégica para el productor. En la comunidad indígena...

Maíz como motor productivo para productores campesinos e indígenas

El maíz recupera protagonismo en las fincas nacionales y deja de ser solo un cultivo tradicional para consolidarse como un sostén económico. En un escenario marcado por la incertidumbre y los años difíciles, se posiciona como una alternativa estratégica para el productor.

En la comunidad indígena Tapyikué, en General Resquín, departamento de San Pedro, este año se sembraron 70 hectáreas de maíz. La producción sirve tanto para el consumo de la comunidad como para alimentar a los animales (gallinas, cerdos, ovejas, cabras y vacas) que forman parte del esquema productivo colectivo.

Don Cleto Garcete, líder de la comunidad, afirmó que tras obtener muy buenos resultados con chía decidió apostar por el maíz, ya que diversificar les permite sostener la actividad agrícola.

Una historia similar se vive en el asentamiento Ka’aguy Rory, en el distrito de 3 de Caazapá, donde 135 familias dependen de la agricultura familiar. Después de temporadas marcadas por incendios y pérdidas, el maíz se convirtió en una alternativa para alcanzar un nivel de previsibilidad.

Marcos Benítez, presidente del comité local, recuerda que hace cuatro años decidieron fortalecer la apuesta por este cultivo, aun cuando ya producían cebolla, poroto y mandioca. El año pasado alcanzaron cerca de 120.000 kilos, aunque no pudieron vender todo y debieron almacenar parte de la cosecha. Este año esperan nuevamente superar los 100.000 kilos, siempre atentos a cómo responda el mercado.

Al mismo tiempo, en Caazapá se impulsa el manejo sostenible de las parcelas. En la comunidad Viscaíno Cué, el Comité Joayhú implementó 40 hectáreas de maíz bajo un sistema de agricultura de conservación, incorporando abonos verdes como mucuna, milleto y crotalaria para mejorar el suelo y cuidar la productividad a largo plazo.

En San Juan Nepomuceno, el Comité Pindo’i desarrolló parcelas de maíz chipa y maíz pytã con un buen desarrollo de los cultivos. Estas experiencias no solo fortalecen la producción local, sino que también funcionan como espacios demostrativos en jornadas técnicas, donde se comparten aprendizajes y resultados con otros productores de la zona.

Desafío
El desafío, sin embargo, no termina en la chacra. Las comunidades necesitan mercados más accesibles, contratos seguros con la industria y condiciones que les permitan vender toda su producción y cerrar el ciclo con ganancias reales.

La meta con la agricultura familiar e indígena es dejar atrás el asistencialismo y fortalecer una actividad productiva moderna, sostenible y capaz de revitalizar las zonas rurales.

En ese camino, el maíz no es solo un rubro más. Es sustento, identidad y una oportunidad concreta para que el campo siga generando vida y trabajo en Paraguay.

Fuente: MAG, Paraguay en Acción.



Recibí las noticias del sector