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Entre expectativas y preocupación por condicionamientos

Fuente: marcotraderevista.com

El acuerdo Unión Europea-Mercosur, que aún debe ser ratificado por los parlamentos nacionales, abre una expectativa de acceso preferencial a Europea, pero también despierta fuertes preocupaciones en el sector productivo. A las promesas de arancel cero se suman exigencias ambientales y sociales que podrían convertirse...

Entre expectativas y preocupación por condicionamientos

El acuerdo Unión Europea-Mercosur, que aún debe ser ratificado por los parlamentos nacionales, abre una expectativa de acceso preferencial a Europea, pero también despierta fuertes preocupaciones en el sector productivo. A las promesas de arancel cero se suman exigencias ambientales y sociales que podrían convertirse en barreras, encarecer costos y excluir a pequeños productores.


El objetivo inicial de las negociaciones era eliminar aranceles para los productos agrícolas, pecuarios y forestales, facilitando su ingreso al mercado europeo sin impuestos ni tasas. Con el paso del tiempo, ese planteamiento fue modificándose, al igual que otras propuestas como una moneda común o el reconocimiento automático de títulos universitarios, explicó el Ing. Alfredo Molinas, asesor agroambiental.

El documento final -según advirtió- incorpora elementos que hoy generan preocupación en el sector productivo, especialmente las denominadas “salvaguardias”, que en la práctica funcionan como barreras no arancelarias y pueden impedir exportaciones por razones ambientales o sociales, aun cuando se cumpla con el arancel cero.
El ing. Molinas señaló que el principal escollo es el reglamento europeo sobre productos libres de deforestación (EUDR), que afecta inicialmente a rubros como soja, carne vacuna, madera, café, cacao, aceite de palma y caucho, y que ya empieza a considerar al maíz. Si la Unión Europea interpreta que hubo deforestación posterior al 2020, puede bloquear la exportación, incluso cuando se cumplan todos los requisitos comerciales.
A esto se suma el mecanismo de ajuste de carbono en frontera, que obliga a reportar emisiones bajo sistemas de contabilidad compatibles con los europeos. “Por más que el producto sea arancel cero, si no se contabilizan las emisiones, no es exportable”, recordó.
Estas exigencias, agregó, impactarán directamente en los costos de producción y exportación, y afectarán con mayor fuerza a los pequeños productores, que difícilmente podrán afrontar la complejidad administrativa y financiera de certificaciones, trazabilidad y reportes técnicos.
Finalmente, sostuvo que el acuerdo enfrentará un debate complejo en el Parlamento paraguayo por el escaso conocimiento sobre estos conceptos, y cuestionó las salvaguardias, “Cumplirlas tiene un costo que los pequeños productores no están en condiciones de asumir”, finalizó.

El acuerdo Unión Europea-Mercosur, que aún debe ser ratificado por los parlamentos nacionales, abre una expectativa de acceso preferencial a Europea, pero también despierta fuertes preocupaciones en el sector productivo. A las promesas de arancel cero se suman exigencias ambientales y sociales que podrían convertirse en barreras, encarecer costos y excluir a pequeños productores.


El objetivo inicial de las negociaciones era eliminar aranceles para los productos agrícolas, pecuarios y forestales, facilitando su ingreso al mercado europeo sin impuestos ni tasas. Con el paso del tiempo, ese planteamiento fue modificándose, al igual que otras propuestas como una moneda común o el reconocimiento automático de títulos universitarios, explicó el Ing. Alfredo Molinas, asesor agroambiental.

Por debajo de lo ambicionado

Como asesor de la Federación de Cooperativas de Producción (Fecoprod), el ing. Moisés Bertoni calificó el acuerdo como “histórico y auspicioso”, aunque advirtió que quedó muy por debajo de la ambición inicial del Mercosur.
Reconoció la importancia de las rebajas arancelarias, pero afirmó que no son determinantes para el acceso real al mercado europeo y coincidió en que existen condiciones adicionales que vuelven al acuerdo “hasta engañoso en algunos aspectos”.
Citó a la soja como ejemplo, que siempre tuvo arancel cero en la Unión Europea y, sin embargo, no tiene allí su principal destino, con exportaciones cercanas a los USD 150 millones. En el caso de la carne, señaló que el Mercosur exporta actualmente unas 250.000 toneladas, mientras que el cupo concedido es de unas 99.000 toneladas en equivalente carcasa (parte muscular comestible de las reses faenadas) a dividirse entre los cuatro países.
En este contexto, consideró que el beneficio concreto será principalmente el ahorro de aranceles sobre lo ya exportado, aunque destacó como aspectos positivos para Paraguay la formalización de la cuota Hilton y algunas cuotas específicas obtenidas en la negociación.
El ing. Bertoni recordó además que la agricultura regional se desarrolla sin subsidios, a diferencia de Europa, donde la Política Agrícola Común moviliza cientos de miles de millones en apoyo estatal. Añadió que Paraguay cumple con los estándares internacionales, pero que la UE aplica criterios más restrictivos bajo el principio precautorio.
Si bien valoró la exclusión de la normativa 1115 y la obtención de cuotas para carne porcina y azúcar orgánica, expresó preocupación por las exigencias ambientales, laborales y sanitarias equivalentes a las europeas y por el posible alcance futuro del mecanismo de ajuste de carbono en frontera.
“El impacto real se conocerá con el tiempo”

El director ejecutivo de la Cámara Paraguaya de Exportadores y Comercializadores de Cereales y Oleaginosas (Capeco), Hugo Pastore, también calificó el acuerdo como “histórico” y valoró el acercamiento entre bloques, aunque reconoció que las salvaguardas encendieron alertas en un país cuya fortaleza económica es la producción de alimentos.
Indicó que el impacto real se conocerá con el tiempo y defendió la necesidad de mantener la mayor cantidad posible de mercados abiertos, para que sea el propio comercio el que defina los destinos más convenientes.
“Nosotros somos férreos defensores de tener la mayor cantidad posible de mercados disponibles para nuestros productos y que luego sea el propio mercado el que defina qué es lo que más nos conviene, más atienda nuestros intereses y lo que mejor va a remunerar el esfuerzo que se hace en toda la cadena productiva, desde el productor, los intermediadores, los que hacen la logística y los exportadores”, agregó.


Soja
Pastore recordó que en la historia exportadora del país, los cambios en las reglas comerciales en Argentina había obligado a buscar otros mercados, entre ellos la Unión Europea y Rusia; por lo que el acuerdo no abre, necesariamente, un mercado nuevo sino que consolida opciones existentes. También advirtió sobre la vulnerabilidad que implica depender en gran medida de un solo mercado (Argentina) y recordó que China no es una alternativa por razones geopolíticas.
Finalmente, señaló que el país cuenta con avances importantes en materia ambiental y productiva, como la ley de deforestación cero y la siembra directa, pero que debe mejorar su comunicación internacional, y exhortó al Gobierno a profundizar la apertura comercial hacia regiones como el sudeste asiático, donde Paraguay aún tiene escasa presencia.



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