El desarrollo socioeconómico del Paraguay no llega por casualidad ni por discursos, sino por el trabajo silencioso y persistente de miles de paraguayos que labran la tierra, producen alimentos, generan cadenas de valor agregado para la producción nacional y sostienen la economía desde distintos puntos...
09 Dic El crecimiento del Paraguay comienza en la finca y se fortalece en la agroindustria
El desarrollo socioeconómico del Paraguay no llega por casualidad ni por discursos, sino por el trabajo silencioso y persistente de miles de paraguayos que labran la tierra, producen alimentos, generan cadenas de valor agregado para la producción nacional y sostienen la economía desde distintos puntos del territorio nacional.
Durante los últimos años, el país demostró que no se puede hablar de desarrollo sostenible sin incluir a la base productiva. Las mejoras sociales nacen del esfuerzo de miles de familias que madrugan para sembrar, se capacitan, incorporan tecnología adecuada, diversifican su producción y, con trabajo diario, construyen una mejor calidad de vida.
Estas familias son el primer eslabón de una cadena de valor que impulsa empleo, formalización, estabilidad de ingresos y más oportunidades para la población, a través de los agronegocios. Desde la producción primaria hasta la comercialización final -tanto en el mercado local como en el internacional la agricultura, la ganadería y el sector forestal, junto con la agroindustria, han sido fundamentales para fortalecer el desarrollo socioeconómico del país.
En muchas comunidades, el trabajo productivo permitió que los ingresos familiares sean más estables. Pequeños productores acceden por primera vez a oportunidades comerciales seguras, pueden invertir en su chacra, enviar a sus hijos a estudiar o formalizar su actividad. La agricultura familiar se integró a la agroindustria y, donde antes el dinero solo alcanzaba para lo básico, hoy es posible proyectar un futuro más próspero.
Esta evolución ocurrió gracias al trabajo organizado y el compromiso de los distintos actores del sistema productivo paraguayo, quienes nunca dejaron de trabajar, incluso, en tiempos difíciles.

Durante años, la reducción de la pobreza parecía un concepto abstracto, ajeno a la realidad rural. Pero la experiencia demuestra que, cuando el productor accede a herramientas, capacitación, tecnología, mercados y condiciones mínimas para trabajar, su esfuerzo se convierte en una de las principales fuerzas de movilidad social y en un desarrollo que se siente más allá de las estadísticas.
Desde la Unión de Gremios de la Producción, celebramos este avance porque confirma que el Paraguay crece cuando se impulsa el trabajo y se fortalece la producción, no cuando se divide a la sociedad ni se desacredita el esfuerzo de quienes sostienen la economía rural. La fortaleza del país nace del trabajo y del esfuerzo de miles de productores y su capacidad de transformar la actividad agropecuaria y forestal en oportunidades reales para miles de familias.
Paraguay necesita políticas que fortalezcan al campesinado y a todos los sectores productivos, generando empleo, dinamismo económico y bienestar en las comunidades más vulnerables.
