Rostro joven refleja el trabajo de campo

Con apenas 25 años, Norma Velásquez de la ciudad de Yaguarón, se convirtió en una exitosa emprendedora. Creció en el seno de una familia humilde y se dedicó, desde chica, al trabajo de campo para poder comer y estudiar.
Empezó con media hectárea de hortalizas para consumo propio y, hoy día, cuenta con una huerta de 2 hectáreas y media; su fuerte de producción son los verdeos, ya sean cebollitas, lechuga, rúcula, acelga, entre otros. Gracias a los frutos de su esfuerzo pudo ampliar su huerta, instalar su negocio propio sobre la ruta 1 Yaguarón, y pagar sus estudios de ingeniería agronómica en la Universidad de San Carlos de Itá.

Primeros pasos

A los 10 años, Norma se levantaba temprano a ordeñar vacas, cargar la leche en botellas de un litro y salir a vender en bicicleta por toda la ciudad.

“Llevaba la leche por pedido, tenía mis clientes y todos los días, antes de ir a la escuela, salía a vender” recuerda.

Su padre falleció cuando ella cumplió los 18 años y a partir de eso, decidió dedicarse a la huerta para poder sostener a su madre y a sus 3 hermanas menores. “De niña veía cómo mi papá trabajaba en la chacra, cultivando poroto, maíz y arroz.

Sentía su sacrificio, pero también veía su ganancia, y quise seguir sus pasos y dedicarme al cultivo también”, expresó.

A los 22 años, conoció a Jorge Ruíz Díaz con quien hoy comparte su vida y el amor al trabajo de campo. “Los que siempre me apoyaron para alcanzar mis metas fueron mi familia y mi novio; él (refiriéndose a Jorge) me ayuda a solventar algunos gastos, como el pago al personal, etc. Todo tiene su inversión y a medida que va aumentando la producción hay que ir gastando más por las comodidades de la huerta”, explicó Velásquez.

Cuenta que está en el último año de la carrera de ingeniería agronómica y que gracias a sus estudios pudo mejorar sus técnicas de cultivo. Por otro lado, su objetivo a futuro es asesorar y capacitar a los productores de su zona para que puedan aumentar sus rendimientos y sus ganancias.

Norma cuenta con su local propio de venta de verduras y frutas, y también provee sus productos a acopiadores japoneses de la zona, e hizo un convenio con la Municipalidad de Yaguarón para proveer alimentos del almuerzo en las instituciones educativas.

“Nada fue fácil para mí. Los primeros tiempos estaba prácticamente sola y cultivaba sin asesoramiento. Más adelante, al iniciar mi carrera, mis compañeros y profesores vinieron a ver mi huerta y me ayudaron a mejorar. A los seis meses de empezar ya firmé convenio con la Municipalidad para entregar vegetales para el almuerzo escolar, y luego de 2 años y medio pude tener mi propio local, con ayuda de mi pareja y de mi madre”, relató Norma, para luego agregar, “mi sueño es que más jóvenes se dediquen a este hermoso oficio que es ser agricultor, cualquier trabajo tiene sus días fáciles y difíciles, y la labor de huerta deja mucha ganancia si se proponen. Cuando hacés lo que te gusta, no es trabajar, es disfrutar de la vida”.